14 marzo – 4° domingo de Cuaresma – Rusia: Virgen de Santo Teodoro – Alemania: santa Matilde de Ringelheim, Emperatriz de Alemania (+ 968), patrona de las familias numerosas

José nos proyecta la luz de Jesús

José ejerció su tarea paterna en la abnegación, desde una doble renuncia: primero, renuncia a la paternidad natural frente a Jesús que no fue engendrado de su carne; segundo, renuncia a la unión carnal con María, ya que ella concibió sin él, por obra del Espíritu Santo. Dentro de esta doble renuncia, José se convierte en padre adoptivo del Hijo del Padre Eterno. En Jesús, Dios quería obedecer a un hombre. Jesús obedece a José que a su vez obedece al Padre. José conocía la superioridad del que le obedecía y es en este conocimiento donde reside su profunda humildad.

Al darle el nombre de Jesús, según informa san Mateo (primer anuncio de la Buena Nueva); al dejar correr las primeras gotas de la sangre de Jesús durante su circuncisión, como preludio de su Pasión; al salvar al autor de la Salvación de la ira de Herodes huyendo a Egipto, José providencialmente inicia a su hijo adoptivo en su misión redentora, en su vocación sacrificial y sacerdotal. Pero ejerce esta misión profética siempre entre bambalinas, desapareciendo cada vez más, como en retirada, hasta que Cristo se hace con todo el escenario, hasta que, como el Bautista, desaparece por completo del Evangelio al entrar Jesús en su ministerio público.

Para quienes lo aman, Dios no está simplemente presente en ellos. Él todavía se "manifiesta" a través de ellos. Algo de su divinidad se vuelve visible para los demás a partir de la chispa de su amor que late en los corazones de sus testigos. Entonces José, que se acercó tanto a su Hijo, proyecta la luz de Jesús hacia nosotros. Hoy en día, la fe de José nos habla de la modestia de Dios y de su paternidad infinita.

Monseñor Dominique Rey
Obispo de Fréjus-Toulon
Santuario del Bessillon en Cotignac

16 de marzo de 2013

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