2 noviembre - Iglesia Copta: Memorial de la Sagrada Familia en Egipto

La Asunción de María confirma cómo será nuestro destino glorioso

Dios quiere salvar al hombre íntegramente, es decir, salvar el alma y el cuerpo. Jesús resucitó con el cuerpo que había asumido por medio de María y ascendió al Padre con su humanidad transfigurada, con su cuerpo, un cuerpo como el nuestro, pero transfigurado. La Asunción de María, una criatura humana, nos confirma cuál será nuestro destino glorioso.

Los filósofos griegos entendieron que el alma del hombre está destinada a la felicidad después de la muerte. Sin embargo, despreciaban el cuerpo, considerado como una prisión para el alma y ​​no concebían que Dios hubiese querido que el cuerpo del hombre también se uniera al alma en la dicha celestial. Esta "resurrección de la carne" es un elemento propio de la revelación cristiana, una piedra angular de nuestra fe.

La maravillosa realidad de la Asunción de María manifiesta y confirma la unidad de la persona humana y nos recuerda que estamos llamados a servir y glorificar a Dios con todo nuestro ser, en cuerpo y alma. Servir a Dios solo con el cuerpo sería una acción esclava; servirlo solo con el alma sería contrario a nuestra naturaleza humana.

Alrededor del año 220, un padre de la Iglesia, el gran san Ireneo, afirma que "la gloria de Dios es el hombre vivo y que la vida del hombre consiste en la visión de Dios" (Contra los herejes IV, 20, 7). Si vivimos así, en un servicio gozoso de Dios, que se expresa también en el servicio generoso a nuestros hermanos, nuestro destino el día de la resurrección será similar al de nuestra Madre Celestial. Entonces se realizará plenamente en nosotros la exhortación del apóstol Pablo: "¡Glorificad a Dios en vuestro cuerpo!" (1 Co 6,20) y lo glorificaremos en el Cielo por siempre. 

Papa Francisco: Alocución previa al Ángelus del 15 de agosto 2018

Vatican.va

Suscribirse es fácil (y también darse de baja).
No lo dudes: suscríbete hoy. ¡Es gratuito!